Empezando a nadar de nuevo.

Empezó diciembre y no se si fue el ambiente navideño, los anuncios de TV o que ya llevaba demasiado tiempo con el miedo a cuestas y empezaba a pesar. Pero comencé a plantearme que tal vez era hora de volver a salir al mercado, volver a poner el semáforo en verde o al menos en naranja intermitente. No era necesario tirarme al fondo de la piscina de golpe pero podía empezar a volver a poner los pies en el agua, poco a poco, sin presiones, sin ninguna prisa de que nada sucediese, pero soltando el lastre que había estado acumulando durante meses.
Así que, cuando me preguntaste si quería salir a cenar, está vez no puse las mil escusas de siempre y decidí decir solo una palabra SI.

Desde entonces aquí estas no muy cerca pero tampoco demasiado lejos, reventándome a sonrisas. Sé que el miedo sigue presente. Hay muchos días en los que volvería a echar el pestillo, bajaría las persianas y cerraría por vacaciones. Pero también hay muchos otros en los que pongo el modo avión, me arriesgo y me dejo llevar.
Me resulta emocionante ver como estoy aprendiendo a volver a nadar en el fondo, como los valientes y aunque el agua está fría y turbia en ti encuentro la calma que le falta a mi locura.

En ti encuentro la calma que le falta a mi locura.

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