Cuando el espejo no te reconoce #cuéntalo

A veces somos tan drásticos porque después de un largo camino no nos quedó otra opción, nos pasamos años dando oportunidades a personas que nada más nos dimos la vuelta aprovecharon para volver a herirnos. Hemos mirado demasiadas veces por los demás, por querer hacer grandes a esas personas que nos hacían sentir tan pequeños, buscando un mínimo signo de aprobación que por mucho que nos esforzásemos nunca llegaba, por no ensuciar imágenes relatando escenas grotescas que ni al caer la noche y cerrar los ojos podíamos parar de recordar en bucle.

Culpándonos de actos y errores de otros para encontrar explicación a situaciones que ni nosotros mismos sabíamos cómo habían llegado a ese extremo. Llorando por los rincones para esconder nuestra pena y vergüenza, para parecer fuertes aunque por dentro estuviésemos hechos mil pedazos. Intentando no olvidar quién éramos porque ya no quedaba nada de lo que un día fuimos, mirándonos al espejo con una Macedonia mental de culpa, vacío y asco incapaces de recordar lo bonito que tiene la vida, de disfrutar de la compañía de alguien que decía querernos.

Llegamos a pensar que quizás no merecíamos más que eso, llegamos a normalizar situaciones, actos y controles que más que tratarse de relaciones bilaterales parecían operaciones de compra y venta. Se había comprado una propiedad de la cual se podía disponer del modo y forma que creyesen conveniente sin importar que eso que asumían que era de su propiedad no era algo material, era una persona con sentimientos, pensamientos, capacidades, inteligencia y aptitudes que en vez de potenciar, se dedicaban a hacerlas desaparecer.

Probablemente muchos nunca se dieron cuenta de la magnitud de sus actos, muchos justificaron su barbarie con nuestros comportamientos liberales e incoherentes (según ellos claro) y todos terminaron perdiéndonos.

Perdiendo a personas que simplemente estaban completamente enamoradas ( o a eso creímos que evolucionaba el amor) de otras que poco a poco nos habían convertido en su saco particular de boxeo, donde liberaban toda la ira que no eran capaces de gritarle al mundo, cobardes que para sentirse superiores tenían que pisotearnos, hombres se hacen llamar algunos, yo los catalogaría más bien como máquinas de vacío (vamos a mantener la compostura) básicamente porque nos hacen vivir en una eterna lucha por no asfixiarnos dentro de esa bolsa (cárcel) invisible, por sentirnos mínimamente libres, por poder salir de ese pequeño espacio marcado por líneas imaginarias.

¿Recordáis cuando éramos pequeños y en el parque o en el patio del colegio jugábamos a fútbol? No había porterías pero las delimitábamos con unas líneas que nos imaginábamos, había veces que se producían disputas por si la pelota había entrado o no dentro de la portería, pues perfectamente podemos compararlo con las disputas de esta clase de personas. Cuando ya han conseguido introducirse en nuestra mente, eliminar los pensamientos propios, la autoestima, la capacidad de decisión y de libre albedrío cuando ya han conseguido que asumamos el rol de sumisas y que intentemos no salirnos de esos límites bajo ningún concepto, entonces dictan otra regla, nunca tienen suficiente.

Así que si algo tiene que clavarse bien dentro de nuestra mente, si hay algo que bajo ningún concepto debemos olvidar, si hay algo que tenemos que tener siempre presente es que “somos mujeres, y podemos con cualquier cosa”

puede que no nos diésemos cuenta de cómo llegamos a ese extremo y es obvio que no tenemos ninguna culpa de lo que nos ha pasado. Pero una vez viendo que nos hemos metido dentro de la boca del lobo debemos ser valientes, fuertes, dejar de tener vergüenza, dejar de tener miedo, no somos culpables, nada de lo que hemos podido hacer merece un trato semejante, pero si nosotras mismas no nos damos cuenta y no decidimos ayudarnos a nosotras mismas, nadie va a poder hacerlo.

El amor no es posesivo, no es territorial ni doloroso, y si es así, es que no es amor.

Librémonos de los grilletes y salgamos a comernos el mundo, porque cualquier cosa que nos propongamos está a nuestro alcance, “no somos el sexo débil, somos mujeres y podemos con todo”.

#CUÉNTALO

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